Manifiesto por una pedagogía crítica, de Giroux #ECR

Reflexiones a partir del Manifiesto por una pedagogía crítica, de Henry Giroux, en La otra educación. Pedagogías críticas para el siglo XXI (Roberto Aparici, José Carlos Escaño y David García-Marín).

¿Qué es la pedagogía crítica?

Esencialmente, una pedagogía para la ciudadanía cívica, responsable y comprometida, que permita el desarrollo de una sociedad sustantivamente democrática. Por ello, se entiende la escuela como esfera pública y, en consecuencia, la pedagogía crítica debe asumir un compromiso de práctica moral y democrática.

Hay una primacía de la «comprensión» frente a la «metodología» y del diálogo como método de aprendizaje, lo que deriva en que se postule un cambio de paradigma apoyado en un cambio del modelo comunicativo. Si la escuela tradicional desarrolla un modelo transmisivo de contenidos, sobre un modelo comunicativo unidireccional, la pedagogía crítica propugna la construcción del conocimiento a partir de un modelo dialógico, esto es bidireccional, en el cual los roles educador-educando son intercambiables.

H. Giroux dice que «la política tiene que ver (…) con la elección de valores«. La pedagogía crítica ataca el mito de la neutralidad del sistema educativo: el sistema educativo no puede ser neutral. Por ello, la pedagogía crítica pretende reconectar aprendizaje y cambio social, frente al modelo neoliberal (Giroux contextualiza en el sistema norteamericano aunque, ciertamente, podemos observar paralelismos con nuestro país) en el cual la pedagogía es sinónima de la enseñanza como técnica (ergo, el maestro es, simplemente, un empleado del sistema con una función asignada medible a través de los resultados académicos de sus estudiantes).

Para Giroux, el énfasis debe estar en la reflexión crítica de las y los estudiantes, en hacer una educación para el empoderamiento, que los capacite para comprender las relaciones entre conocimiento, autoridad y poder, y les permita transformarlas para desarrollar la ciudadanía plena, esto es, la participación democrática.

¿Qué es la democracia?

¿Qué es una sociedad sustantivamente democrática? Del manifiesto se deduce que no es aquella únicamente llamada a las urnas cada 4 años. Es una ciudadanía responsable, no solo por asumir las consecuencias, sino por asumir el encargo (la responsabilidad) sobre sí misma, esto es, por pasar a la acción de gobernarse a sí misma, desarrollando una nueva gobernanza. En definitiva, es una pedagogía necesariamente política y que, por tanto, no se limite al conocimiento, sino que alcance el ser.

¿Cómo se construye el conocimiento?

El ser humano tiene diversas vías, entre otras la teológica (el conocimiento revelado), la filosófica (el pensamiento), la científica (aplicación del método científico, obtención de conocimientos objetivos pero nunca definitivos; siempre son susceptibles de mejoras, evoluciones…).

Hoy día, en mi opinión, se prima el conocimiento científico como el único conocimiento válido (llevamos algún tiempo hablando de sociedad del conocimiento, un concepto que desarrolla la tesis de que hay una cientifización de la sociedad). Así, el sistema educativo tradicional se ha apoyado y apoya en instrumentos científicos (en ocasiones solo en apariencia) para legitimarse ante la sociedad. Se propugna que los resultados de la educación son los del informe PISA (o el que corresponda al lugar y momento), por lo que se busca mejorar el sistema únicamente mediante las reformas que nos lleven a mejorar los resultados en dichos indicadores. Para la pedagogía crítica, este enfoque es incorrecto de raíz, pues el reduccionismo a los resultados medidos implica una desconexión de la complejidad del mundo.

Se habla en el manifiesto del «peligro para la democracia» del periodo de general regresión que vivimos, según Noam Chomsky -coincido, sin reservas-, desde hace algún tiempo, en el cual se han incrementado las desigualdades masivas (riqueza, salarios, poder). Un peligro mayor si los próximos protagonistas de la democracia han sido entrenados para escuchar y no hablar, para obeceder sin alzar la voz, para no asumir el disenso, para hacer la tecnología sin reflexionar el para qué ni el por qué de esta.

No he podido evitar, leyendo el manifiesto recordar el libro No logo”, de Naomi Klein. Dice:

“Y por mal que antes hayamos defendido instituciones [educativas públicas (escuelas, universidades…)], en este momento de nuestra historia la razones que existen contra la transformación de la educación en un ejercicio de extensión de las marcas son las mismas que valen para los parques naturales y las reservas naturales: que tales espacios casi sagrados nos recuerdan que los espacios sin marcas [empresas, sector privado; espacios puramente públicos en esencia] son todavía posibles”. (p. 139, cap. 4, Las marcas y la enseñanza. Los anuncios en escuelas y universidades)».

Aunque Klein se centra en las marcas, el concepto de la escuela como plaza pública se recoge muy bien, así como el ataque sin paliativos del sector privado-empresarial en el contexto del que habla (también EEUU), que bien puede observarse en nuestro país.