El hombre de la cámara

Reflexiones, impresiones, conclusiones e ideas sueltas, tras el debate vía webconferencia del 26 de marzo de 2019 con el profesor García Marín y compañeros/as de Educomunicación Digital y Narrativa Digital, a raíz del visionado de «El hombre de la cámara», de Dziga Vertov.

Lo técnico

Los elementos técnicos más llamativos, en mi opinión, al visionar la cinta de Vertov, de finales de los años 1920, en los inicios del cine, cuando aún se estaba configurando el lenguaje cinematográfico, son:

  • El uso de las angulaciones de cámara.
  • El uso de la figura plano-contraplano, con una intencionalidad dialógica.
  • Reproducción inversa del metraje.
  • Reproducción acelerada.
  • La superposición de planos en la escena.

Si bien estos elementos ya han sido empleados desde los comienzos del séptimo arte (veáse el expresionismo alemán, con su uso de múltiples de estas técnicas), Vertov busca experimentar toda la potencialidad expresiva de los recursos, a fin de proponer o reconfigurar un nuevo lenguaje audiovisual.

Inmersión

En diversos fragmentos de la cinta, se aprecian múltiples tomas y escenas montadas con un ritmo trepidante, intentando ofrecer al espectador una visión totalizadora o integral de la historia.

Vertov muestra una intención inmersiva (más si cabe, considerando la interfaz física del cine, que aprisiona al espectador a un momento y lugar, como apuntará Lev Manovich en El lenguaje de los nuevos medios de comunicación), insertando al espectador en la realidad que pretende mostrar.

La realidad que nunca será la realidad objetiva, sino la realidad subjetiva del editor de la cinta, del cámara que captura las escenas, del director que planifica la obra… e incluso la del espectador que, a partir de su percepción, formación, prejuicios… se apropiará de la cinta y configurará sus conclusiones.

Metarrelato: la ciudad como hiperescenario

El hombre de la cámara nos muestra la cotidianeidad de un día cualquiera en el Moscú de finales de los 1920. Desde diversos lugares, a diversos momentos del día, identificables o no. Múltiples actores, pero una historia sin protagonista, únicamente con comprimarios, personas corrientes en su quehacer o tiempo de ocio.

Y, como sustrato que lo une todo, un hiperescenario que da soporte: la ciudad. Para Vertov, contar la vida que transcurre es contar la ciudad y viceversa, a partir de su diversidad de situaciones, rincones y emplazamientos. Sin hablarnos explícitamente de ella, nos traslada a vivir un día en el Moscú de la época (o, al menos, lo intenta).

Un relato circular

Nos encontramos en una historia sin protagonistas, sin trama argumental, que, si reprodujésemos en bucle, podría continuarse visionando ad eternum, sin solución de continuidad. El planteamiento en 3 actos (Introducción – Nudo – Desenlace) aristotélico se diluye en una historia sin línea argumental definida o explicitada.

El tiempo

Se nos presenta la película, a veces, con un montaje hiperveloz, trepidante, intentando el don de la ubicuidad. Se omite el recurso a la elipsis, pretendiendo mostrar diferentes ubicaciones, personajes e historias al tiempo. Se trata del eterno presente, en el que solo existe el ahora.

El eterno presente, que es el tiempo de las redes digitales actuales. Si YouTube es una red del pasado (aunque permite la emisión del contenido en directo, su contenido mayoritario en la actualidad es de vídeos grabados y editados), Instagram (una de las redes sociales que más suben en España en 2019) prima el contenido efímero, no solo por el flujo de publicaciones y las stories, sino por la propia inmediatez de la fotografía que permite comunicar (ojo: la mayoría de cuentas pro de Instagram usan otras aplicaciones de fotografía y edición y editan intensivamente las fotos antes de publicarlas).

La primacía del contenido efímero en las redes sociales (Instagram, WhatsApp, Facebook, Snapchat…) puede entenderse como una estrategia de los propios proveedores para incrementar la interacción del usuario, es decir, captar su atención en mayor medida (véase Vampiros en la red. El robo de la cultura juvenil, de Aparici, García Marín y Díaz Delgado).

Retrato de lo cotidiano

El hombre de la cámara es un retrato de lo cotidiano, una cinta que nos muestra una diversidad de situaciones de un día cualquiera en una ciudad cualquiera (Moscú, en el caso de la película).

Hoy día, las redes sociales también recogen, en buena parte, este retrato de lo cotidiano (las Casual Photos, según Manovich en Instagram and Contemporary Image), con Instagram como uno de sus mayores exponentes, y con el selfie como una de las formas de moda en el contexto digital audiovisual.

Antes de la eclosión de las redes sociales digitales, el retrato era una forma supeditada al poder y a la burocracia: la foto de carné, la que nos identificaba ante la autoridad y la administración. Con el binomio redes sociales – móviles con cámara frontal, el selfie dispone de un caldo de cultivo ideal para subvertir esta relación. El selfie pasa a ser un formato comunicativo para expresar nuestro estado de ánimo, nuestros ideales, nuestros valores. Se democratiza el acceso al retrato.