Relatos y poder

Breve reflexión sobre la conexión entre los relatos y el poder, tras la webconferencia de 12 de marzo de 2019 con el profesor García Marín.

Comunicación y poder

Desde el inicio de la humanidad, el ser humano se ha comunicado a través de historias, de relatos, fundamentalmente a través de la oralidad. Se daba una cultura de la oralidad, en la que el conocimiento y los saberes se transmitían entre personas y/o grupos, conformando un saber accesible a todo el mundo, un saber del pueblo: un receptor de la historia, una vez ha accedido a esta, puede retransmitirla, convirtiéndose así en emisor de la misma. El conocimiento se diseminaba así formando la tradición oral.

Escribe Manuel Castells (2009, p.23) que el poder es algo más que comunicación y que la comunicación es algo más que poder. «El poder depende del control de la comunicación», enuncia, y la Historia nos ofrece multitud de ejemplos de ello. Sirva como muestra el control del relato que las iglesias ejercen en las religiones. Comunicación y poder se relacionan entre sí, formando desde siempre un entramado de intereses e interconexiones.

La Galaxia Gutenberg

La invención e implantación de la imprenta a mediados del s. XV supuso una revolución en el ecosistema comunicacional hasta el momento y, por tanto, afectó al sistema y las estructuras del poder. El mismo concepto del conocimiento y la cultura fueron, asimismo, sacudidos por el fenómeno.

La imprenta propició dos cuestiones fundamentales. Por un lado, crear copias baratas de los textos escritos y, por tanto, distribuir a más receptores y a más lugares el conocimiento. Se democratizó el acceso al texto escrito, poniendo en jaque la situación de monopolio que la Iglesia, con los escribas y los monasterios ostentaba hasta la fecha.

Por otro lado, al generalizarse la copia de los textos mediante los libros impresos, comenzó a pasarse de una cultura oral, en la que el conocimiento se transmitía mediante la oralidad, a una cultura más librocentrista, donde el conocimiento, fijado en el libro, podía comenzar a acumularse y fijarse en las bibliotecas particulares. Esta cultura impresa, en una sociedad con altos niveles de analfabetismo, derivó en una cultura de las élites, una cultura del poder, que pasó a definirse como el saber legítimo, deslegitimando a su vez el saber oral del pueblo.

El periodo desde la difusión de la imprenta hasta la invención del telégrafo en las primeras décadas del s. XIX, descrito, de manera acertada, como la Galaxia Gutenberg por Marshall McLuhan (1962), vio una necesidad creciente de alfabetización del pueblo, el declive del sistema feudal y la (muy lenta pero) progresiva creación de los Estados-Nación y el sistema burocrático, entre otros elementos que evidencian el terremoto que supuso, en las estructuras del poder, la introducción masiva de un nuevo medio de comunicación

Terremoto 2.0

En 2004, da comienzo el fenómeno de la web 2.0: sitios web que, más allá de ser una página que el usuario consultaba, facilitaba la interacción de este. El usuario pasaba de ser un mero receptor, como en el caso del libro, de la radio, de la TV o de otros medios de comunicación de masas hasta ese momento, para volver a convertirse en (potencial) emisor de información. Podemos trazar un paralelismo con la cultura oral que citábamos al comienzo -salvando las distancias-, en el que de nuevo cualquier usuario podía apropiarse del mensaje recibido, para reenunciarlo a su modo a continuación.

De nuevo, la irrupción de una nueva especie en la ecología de medios, afecta al poder y sus estructuras. Castells nos hablará del paso de la comunicación de masas (grandes medios de comunicación masiva que monopolizan el control del relato) a la autocomunicación de masas (2009, p.25), en la que las web 2.0 favorece la creación de redes horizontales de emirecs (término acuñado por Cloutier, en Aparici y García-Marín, 2018), en las que el control del relato se disemina y, en consecuencia, el poder se distribuye.

La lógica relacional, la cultura de la participación a través de los espacios mediados digitalmente, la interfaz de acceso al conocimiento, la convergencia tecnológica y la cultura de la convergencia, la hibridación de medios, entre otros factores, darán lugar a una euforia tecnoutópica inicial (Henry Jenkins y Howard Rheingold son dos de los mayores exponentes), hoy en día cuestionada o, al menos, contrastada con la línea de pensamiento tecnofóbica.

Relatos lineales y multilineales

De cualquier modo, hasta la web 2.0 hablamos de los relatos lineales como los mayoritariamente predominantes: relatos de un emisor o fuente, a uno o varios o muchos receptores, en los que, tradicionalmente, encontramos una estructura narrativa en tres actos: planteamiento-nudo-desenlace.

El hipertexto y la web 2.0 cambian las reglas del juego y, así, comenzamos a hablar de relatos multilineales. Si con el hipertexto, en la web 1.0, navegamos en un texto infinitamente conectado, con una estructura de navegación a voluntad del usuario, la web 2.0, con la posibilidad de introducir contenido por el propio usuario, termina de completar el esquema emirec, repartiendo el poder sobre el relato entre los interactuantes. La web 2.0 introduce las linealidades múltiples, en un ambiente de libertad controlada (al fin y al cabo, la interfaz misma como estructura posibilita y limita al usuario en sus capacidades de actuación).

En este contexto web 2.0, ¿dónde queda la estructura de planteamiento-nudo-desenlace? ¿dónde comienza y dónde termina una web? Directamente: ¿cómo has llegado hasta aquí? Si sigues los enlaces que he propuesto en este texto ¿qué orden has seguido? ¿Por qué ha de coincidir con el orden de otro usuario? ¿Has seguido enlaces a partir de mis enlaces?

Referencias

  • Aparici, R., y García-Marín, D. (2018). Prosumidores y emirecs: análisis de dos teorías enfrentadas. Comunicar, 26(55), 71-79. https://doi.org/10.3916/C55-2018-07
  • Castells, M. (2009). Comunicación y Poder. Madrid: Alianza Editorial.
  • McLuhan, M. (1962). La galaxia Gutenberg (1993.a ed.). Barcelona: Círculo de Lectores.